martes, 28 de julio de 2020
Es tu amigo fiel, y no, no hablo del perro...
sábado, 4 de julio de 2020
Las montañas de mi vida...
Hace un tiempo descubrí que defino a una ciudad en función a sus montañas (o falta de ellas), o, en otras palabras, que me gusta vivir en una ciudad con montaña(s). Las ciudades planas me desorientan, y no me siento en casa sin la presencia de una montaña cuya vegetación brinde cobijo a la ciudad. Es por esto que les presento a continuación un post al que he denominado "las montañas de mi vida":
Vitosha:
El Vitosha es una montaña de unos 2295 metros de altitud a cuyos pies se encuentra la hermosa ciudad de Sofía. Sofía es la capital más antigua de Europa, (habitada ininterrumpidamente desde el 7000 a. C.) y cuenta en la actualidad con aproximadamente 1.250.000 habitantes.
El Vitosha fue la montaña en la que hice mi primera excursión y la montaña en la que aprendí a esquiar y me gané mi primer banderín en esa disciplina, pero lo más especial sobre el Vitosha para mí es que lo veía cada mañana al despertar, pues la vista de mi cuarto y balcón daba hacia esa imponente montaña. Ver sus picos nevados en invierno es un deleite para los ojos. Una sola mirada al Vitosha te cautiva y hará que no lo olvides jamás.
Sierra de Madrid:
La Sierra de Guadarrama (también conocida como la Sierra de Madrid), es una formación rocosa cuyo pico más alto está a 2428 metros. Aunque la sierra está bastante cerca de la ciudad, se necesita viajar aproximadamante una hora y cuarto para llegar hasta ella, así que no puede decirse que las montañas formen parte de la ciudad, por el contrario, Madrid es una ciudad completamente plana, desde donde se ve, a lo lejos, las hermosas montañas de la Sierra de Guadarrama. Algo que me impresionó al vivir en las afueras de esta ciudad, fue la capa de smog claramente visible al acercarse por la autopista hacia la ciudad propiamente dicha. Algo asombroso (pero no en un lado positivo). Una clara muestra de la contaminación. Es una ciudad a la que también le hace falta verde. Pocos árboles en una ciudad árida y extremadamente seca. Le hace falta un cariño natural a esa ciudad.
Sierra de Collserola (Tibidabo):
Barcelona cuenta con la Sierra de Collserola, una cadena montañosa que rodea la acogedora ciudad de Barcelona. Para mí, Barcelona es una ciudad maravillosa para vivir. Disfruté muchísimo mis años en esa urbe que no es una megametrópolis, pero tiene todo para denominarse una gran ciudad. El recorrer la parte más elevada (los 512 metros del pico Tibidabo) de sus pies a la playa en 45 minutos a pie, es energizante y reconfortante. Aunque es una montaña bastante pequeña, el Tibidabo (y el castillo de su parque de atracciones en la cima), le dan un toque mágico a una ciudad ya de por sí encantadora. Volvería a vivir en Barcelona sin pensármelo mucho. Libros como "La Sombra del Viento" del recientemente desaparecido físicamente Carlos Ruíz Zafón, o "La Catedral del Mar" de Ildefonso Falcones, son un gusto de leer una vez has vivido en esta ciudad. Barcelona, para quienes hemos vivido en ella, es de esos lugares que se quedan contigo siempre.
Cerro el Morro:
Puerto la Cruz para un venezolano representa playa, arena y mar Caribe, pero a pesar de ser una zona costera que te hace pensar en cocada y agua salada, es una ciudad rodeada de cerros, siendo el más cautivante el cerro El Morro. Aunque subirlo es un paseo de 30 minutos, es un pulmón anímico para la ciudad. Cientos de habitantes suben los fines de semana para hacer ejercicio y gozar de la hermosa vista. Las construcciones en lo alto a veces causan impresión por lo audaces y estrafalarias, como la casa pirámide, pero pasan a formar parte de las particularidades de esa ciudad suave y soleada que es Lechería. Puerto la Cruz/Lechería no es para toda la vida, pero sí un buen año sabático para cualquiera.
Y no podía faltar la imagen de la casa Pirámide:
El puente sobre el lago:
Maracaibo no es sólo una de las ciudades más calientes de Venezuela, (o más fría como dicen los zulianos debido a los aires acondicionados a 16 °C), sino que además parece, como Madrid, una ciudad infinita por lo plano. La enorme diferencia entre Maracaibo y Madrid en ese aspecto es que Maracaibo se desarrolló junto al lago más grande de América del Sur, el famoso lago de Maracaibo. El lago es tan grande que parece un mar, tranquilo y sereno, a cuyas faldas se desarrollo una urbe de concreto a la que, también como a Madrid, le hace falta mucho verde. Es que para mí, el verde es también esencial para sentirme a gusto en una ciudad. Sin árboles no hay vida.
Mención especial merece el famoso puente sobre el lago (General Rafael Urdaneta), una estructura de hormigón armado con una longitud de 8678 metros. Sus reflectores le dan un encanto a la noche marabina y recorrerlo es una experiencia gratificante.
Mont Royal:
El Mont Royal, con una elevación de 233 metros, es una pequeña montaña ubicada al oeste del centro de la Isla de Montréal. Es para mí un pequeño cerro que, al verlo desde la autopista elevada que cruza la ciudad, me brinda calidez, ya sea verano o invierno. Es también un hermoso fondo para los rascacielos de la ciudad. El Mont Royal es el lugar ideal para hacer una pequeña excursión una tarde de otoño, o un picnic con amigos durante el verano.
Al igual que Barcelona, Montreal es para mí una ciudad sumamente agradable para vivir. Ese mismo sentimiento de que posee todo lo necesario para ser una gran ciudad sin ser una megametrópolis, y el que tenga en este caso el enorme río San Lorenzo a su lado, hace que la ciudad sea agradable para recorrer a pie, especialmente en verano, pero incluso durante el frío invierno.
El Ávila:
Y llegamos a mi ciudad, la sultana de El Ávila, y mi amado cerro. El Ávila es el pulmón vegetal de mi querida Caracas, una cadena montañosa que forma parte de la cordillera de la costa. El Ávila es también una montaña majestuosa, que con sus 2765 metros de altitud impresiona a cualquiera. La primera vez que subí al Ávila (que pueda recordarlo) fue en el antiguo teleférico (de grandes cabinas rojas) y tendría unos 5 años. Recuerdo este paseo vivamente por ser también la primera vez que patiné sobre hielo en su pista ubicada en el parque que se encuentra en la cima.
Las vistas desde el teleférico, y especialmente desde el Hotel Humboldt en su tope, son envidiables.
La primera vez que subí al Ávila a pie tenía 13 años y fui al sector Los Venados y luego a La Zamurera. Desde ese día, fueron muchas las excursiones (ya sea como actividad física o recreativa) que hice a nuestra amada montaña. Las vistas de la ciudad que los diferentes picos nos ofrecen son impresionantes. Años después de esa primera excursión, tendría el gusto de formar parte de una agrupación voluntaria de socorrismo cuya misión principal es la protección de este parque nacional, combatiendo los incendios forestales que en nuestra montaña se dieran para evitar su propagación. Un honor para cualquier caraqueño el poder cuidar de su montaña.
La realidad es que, para todo habitante de Caracas, que el Ávila sea lo primero que vemos al despertar y lo último antes de irnos a dormir es un enorme privilegio que nadie da por sentado.
Durante todos los años de mi vida que he vivido en Caracas, he disfrutado inigualablemente el vivir a los pies de tan hermoso y majestuoso paisaje natural. Una tarde de cielo azul y los incontables colores de la montaña son todo un espectáculo, siempre distinto, irrepetible y nunca decepcionante.
Y aunque el resto de los venezolanos (no caraqueños) suele burlarse de la presencia de un cuadro de El Ávila en toda casa de un caraqueño fuera de Venezuela, es que sí, es un hecho, nada como El Ávila.
Y el extra treat...
El monte Fuji:
El monte Fuji es un extra treat porque Kioto u Osaka no son ciudades donde haya vivido exactamente (he pasado largos periodos de más de mes y medio en la región en varias ocasiones, pero no he vivido ahí aún), pero sí es una montaña/volcán que siempre tuve curiosidad por conocer y que, cuando la vi por primera vez, me dejó sin habla. Es tan majestuosa como te lo hace pensar todo lo que se dice de ella. Cuando viajas en Shinkansen (tren bala) y lo ves por los ventanales del tren, sientes que es el paisaje perfecto para ese país tan culturalmente rico y que encierra para los occidentales algo de misterio. La mezcla de modernidad y respeto a lo histórico y local, es uno de los mayores patrimonios de la cultura nipona, y Fuji-san, con sus 3776 metros de altitud y su pico nevado, es un clásico ejemplo de ello.
Y hasta aquí llega este breve vistazo a las montañas de mi vida (hasta ahora), no tengo duda de que me quedan muchas más por disfrutar. ¿Es para ti importante vivir en una ciudad con montañas? Si lo deseas, cuéntamelo en los comentarios.
¡Hasta la próxima!
sábado, 30 de marzo de 2019
Mi casa a la que siempre puedo volver...
viernes, 1 de diciembre de 2017
Te quiero
Mi tierra querida
La tierra de mis padres y mis abuelos
Te quiero como a cada nota de esas melodías creadas en tu honor
Te quiero como el olor de las hallacas recién abiertas
Te quiero como la belleza de la orquídea que florece en esa selva que puede ser un jardín
Te quiero en el olor del café recién colado
Te quiero en el olor a lluvia
Te quiero en el cielo azul de diciembre
Te quiero en el abrazo de ese amigo que te ve todos los días pero te abraza como si no hubiera mañana
Te quiero en el "yo te llevo" de esa persona que apenas acabas de conocer hoy
Te quiero en la sonrisa del desconocido
Te quiero y te querré siempre
martes, 26 de julio de 2016
Los borregos muy bonitos y arreglados...
Entonces ¿por qué los venezolanos nos dejamos tratar como borregos? ¿Quién le hizo creer a un puñado de "hombres" que podían tratar a todo un colectivo como a unos borregos? ¿Cómo nos hemos dejado manipular de esa manera?
La respuesta es muy sencilla y bastante patética: Solo vemos lo que queremos ver. Ignoramos lo que nos rodea sin querer aceptar que nos reducen la burbuja día a día.
1. Controlan los poderes públicos. ¿Qué importa? YO no entiendo de eso ni me veo afectado. (Al menos no lo veo así o no me doy cuenta).
2. Fomentan el surgimiento de grupos violentos y la proliferación de armas de fuego ilegales. ¿Qué importa? YO no vivo en un barrio y por ende no me veo directamente afectado. (O eso creo).
3. Despidieron a los empleados de PDVSA. ¿Qué importa? YO no soy trabajador de PDVSA.
4. Expropian tierras. ¿Qué importa? YO no soy propietario de ninguna de las tierras expropiadas.
5. Permiten y fomentan la invasión de terrenos e inmuebles. ¿Qué importa? YO no soy propietario de ninguno de esos inmuebles o terrenos invadidos.
6. Impusieron la Ley Resorte a los canales de TV y radios. ¿Qué importa? YO tengo DirecTV o cable.
7. Cerraron RCTV. ¿Qué importa? YO tengo DirecTV o cable. Además, quedan otros canales y emisoras.
8. Cerraron 136 emisoras de radio. ¿Qué importa? YO casi no escucho radio. Además, quedan otras.
9. Han permitido que Caracas se convirtiera en la tercera ciudad más peligrosa del mundo, con más de 100.000 homicidios en la última década. ¿Qué importa? YO no conozco a ninguno de esos asesinados, eso es en los barrios y NO me afecta.
10. Quitan la luz y el agua hasta por 24 horas seguidas. ¿Qué importa? YO vivo en Caracas y ni me entero. (Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra. Salvo Margarita y Puerto la Cruz, que son para Carnaval y Semana Santa).
11. Permiten el incremento de la delincuencia debido a la impunidad. ¿Qué importa? YO no me he visto afectado. Si me roban el teléfono me compro otro.
12. Quitan la luz y el agua por varias horas en Caracas. ¿Qué importa? YO en mi edificio tengo tanque de agua, y aunque es molesto que quiten la luz, al menos tengo el celular para seguir conectado.
13. Expropian empresas. ¿Qué importa? YO no soy dueño de esas empresas, a mí no me afecta.
14. No hay comida en los supermercados. No hay pan, no hay leche, no hay huevos, no hay carne, pero sí un abominable engendro denominado bachaquero, engendro que YO fomenté al acceder a él cuando apareció la primera cola y YO opté por caer en el juego.
En conclusión, los venezolanos somos seres frívolos (TODOS). Solo nos importa llevar cosas de marca, estar a la moda, ir a la playa los fines de semana y durante las vacaciones, comprar el puto Smartphone para que "otros" vean que lo tengo, aún sabiendo que arriesgamos la vida por tenerlo. (Cosa que no debería ser así, pero tristemente es y seguirá siendo a menos que haya un cambio).
Devalúan la moneda en un 300% y salimos como borregos a comprar televisores, consolas de videojuegos, refrigeradores, Smartphones y cualquier otro artefacto electrónico. ¿Será que antes de la devaluación todos los que salieron a comprr no tenían televisor en su casa? Lloramos y pagamos cantidades desorbitantes por tener un carro nuevo (si es una camioneta mejor). ¿Será que entre más grande es el carro más poderosos nos sentimos? Ni hablar de los famosos Smartphones, un producto con un precio que supera con creces (¿qué no lo hace hoy en día?) el sueldo mínimo, pero que los venezolanos, al parecer, necesitan más que el aire para sobrevivir. Lo más triste del asunto es ver gente comprándolos por segunda o tercera vez después de que se los han robado a mano armada.
El país se nos cae a pedazos día a día. Desde hace ya bastante tiempo no podemos salir de día ni mucho menos de noche sin arriesgar la vida. Ahora incluso la arriesgamos en el colegio, en el trabajo, en la universidad, hasta quedándonos en casa. Todos podemos ser alcanzados por una bala perdida. Nuestra vida no tiene ningún valor, sino pregúntenselo a quien haya perdido a un amigo, a un hermano, a un padre, a un hijo.
Somos unos frívolos borregos que nos dirigimos muy bonitos y arreglados al matadero.
YO no quiero ser un borrego. Nunca lo he querido ser. No sé tú...
Jihan Carrasquero Uzcategui
"La verdadera tragedia de los pueblos no consiste en el grito de un gobierno autoritario, sino en el silencio de la gente". Martin Luther King.
P.D. Este texto lo escribí el 24 de enero de 2010 (salvo el punto 14 que me fue imposible no agregarlo). Tristemente, hoy sigue vigente, solo que ahora somos borregos hambrientos no tan bonitos ni perfumados, pero sin duda ya más cerca del matadero.
martes, 12 de julio de 2011
Yo no me explico como el perico teniendo un hueco debajo del pico pueda comer, no puede ser...
El perico al que me refiero no es más que un revoltillo con huevos y algunos ingredientes más, que con un toque de magia y amor, alegran nuestro paladar y exaltan nuestros sentidos.
Comenzaré esta historia diciendo que el perico tiene una particularidad, y es que, al igual que la arepa, se consume en todo el país; para alegría y beneplácito de todos los comensales. ^_^
Me gustaría relatarles el origen del nombre "perico", sin embargo, hasta el día de hoy mi búsqueda ha sido infructuosa, por lo que no he podido llegar tan siquiera a alguna leyenda que nos explique a qué debe la receta ese nombre tan pintoresco. Espero algún lector pueda colaborar y enriquecer así este artículo con esa valiosa información.
Pero como aquí todo vale, aprovecho la oportunidad para hacerles llegar una sencilla receta del perico. Esta receta se basa además en lo más básico y sabroso de cualquier receta, y es que todo es "al gusto".
En una sartén agregamos aceite de cocina (no de oliva), ponemos a dorar la cebolla picadita en trozos muy pequeños y la acompañamos de trozos de tomate picados en cuadritos. Cuando ya haya dorado la cebolla, le agregamos los huevos (batidos), le agregamos sal y removemos. Esencial es no remover mucho ni tampoco poco. Como todo en Venezuela, nada es blanco o negro, malo o bueno. Es al ojo %. ;)
¡Y voilá!
¿Y qué hacemos con este rico perico una vez lo hemos preparado? Se puede comer solo, pero la mejor opción es comerlo con arepas.
El perico es un desayuno que me lleva directamente a mi querida Choroní. En esas tierras escondidas degusté una y mil veces este delicioso platillo, acompañado de muchos otros manjares que tan divinamente nos preparaba la ya desaparecida pero siempre recordada Marissa.
Imaginen esta escena:
9:30 de la mañana, el sol ha comenzado a asomar por un horizonte de verde selva. Los árboles, los bambúes, y el resto de la flora y fauna que rodea la casa colonial sin paredes te envuelve gratamente y convierte en algo casi agradable el calor húmedo que hace minutos parecía sofocarte. La mesa de madera con sus grandes sillas de cuero está servida:
Arepas (dulces y saladas), queso de mano, queso telita, caraotas, tajadas (plátano frito), carne mechada y perico. Siete u ocho comensales disfrutan llevando a alturas insospechadas cada uno de sus sentidos. Las guacamayas y los loros ríen, su risa te contagia, y ríes con ellos. Los perros se acercan, poniendo carita de perro triste, esperando con ello recibir un poquito de la carne mechada que abunda en la mesa. "¡Pásame el perico!", grita uno, y una mano invisible le pasa el plato de peltre blanco con diseño de flores, que está algo golpeado por los años pero sirve muy bien a su propósito. "¿Te acuerdas cuando...?" Risas y más risas explotan de los labios y son llevadas a las casas vecinas por la suave brisa. Tú, quien ayer sufría encerrado entre las cuatro paredes de una oficina, o en el tráfico de la ciudad, te deleitas de todo, el desayuno, la vegetación, los animales, el delicioso aroma de la comida entremezclado con el olor a selva, río y mar. Miras a tu alrededor y sonríes, con la certeza de que estás en el paraíso.
martes, 3 de mayo de 2011
Cachito, Cachito, Cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio...
He aquí lo que dicen las cotorras venezolanas y de ultramar:
El origen del cachito data de principios del siglo XX, y fue, hasta cierta medida, fruto de la inventiva que caracteriza a los oriundos de estas tierras, pero, irónicamente, de la mano de un lusitano. (No es que estos no sean más venezolanos que la hallaca, la arepa, o en este caso, el cachito), la cuestión, según dicen las malas lenguas, fue así:
Un panadero instalado por el centro de Caracas, preparaba los panes de jamón propios de las festividades decembrinas. Al terminar la gloriosa hazaña, y notar la gran cantidad de restos de jamón que generaba, decidió hacer uso de este sobrante usándolo de relleno a una masa, hornéandolo y poniéndolo a la venta en su estabecimiento. Los panecillos recién sacados del horno se fueron convirtiendo poco a poco en el pan nuestro de cada día; literalmente.
Algunos le atribuyen la proeza al panadero italiano Pietroluchi Pancaldi en la panadería "La Lusiteña" cuando corrían los años 1940, pero al no poder confirmar la veracidad de los datos no me arriesgo en afirmar nada (no vaya a ser que me quiten la concesión).
En todo caso, aquí les lanzo una pequeña y muy resumida lista de panaderías caraqueñas en las que hoy se pueden degustar estos exquisitos manjares: (Y valga la cuña)
Pastelería Danubio:
Panadería/Pastelería que cuenta con mas de 4 décadas de experiencia en el difícil arte de endulzar el paladar de los venezolanos. Fue fundada por un pastelero húngaro llamado Pablo Kerese, detrás de Mata de Coco en Chacao. En la actualidad sigue en propiedad de la misma familia y en el mismo lugar, además de contar con sucursales en Santa Rosa, Santa Mónica, Sambil, Multicentro, La Trinidad y Macaracuay.
Panadería Aída:
Famosísima panadería quincuagésima de Los Palos Grandes. Llegué a conocer de su existencia a través de una buena amiga que no dudaba en viajar desde la Urb. Miranda hasta Los Palos Grandes (con tráfico y todo incluído) para degustar las caracolas más famosas de Caracas. Y es que es la misma panadería a la que asiste su abuela, y las recomendaciones de la abuela nunca se ponen en duda. Según me han informado, aunque se le conoce principalmente por sus caracolas y palmeritas, los cachitos no se quedan atrás.
Panadería Los Laureles:
Famosa panadería para los habitantes del oeste de la ciudad, más concretamente la gente de El Paraíso, que es donde se ubica. Fue fundada en 1950 por un laborioso portugués llamado Francisco Fernándes (y no podría ser de otra manera), bajo encargo de un tal barón Gustav Van der Elst quien se radicó en la zona tras la II Guerra Mundial. Es bien sabido que por esa panadería han pasado la mayoría de los estudiantes de la UCAB. Actualmente lleva el título de ser la panadería con los mejores cachitos de El Paraíso. Si tantas generaciones de estudiantes han acudido a ella, ¿quiénes somos nosotros para ponerlo en duda?
Panadería Río de Oro:
Famosa panadería para la gente de la zona de Prados del Este (incluida yo que la recuerdo desde que tengo uso de razón), lleva encendidos sus fogones desde hace más de 62 años. Dícese que la receta de sus cachitos es secreta.
Parada obligada para el turista...
¿Cuál es nuestra fijación con la panadería criolla? Podría decirse que la panadería es al venezolano lo que el bar es al español, por ello no dudaría en ningún momento el incluir una de las tantas maravillosas y únicas panaderías caraqueñas en un recorrido turístico. Al fin y al cabo, la panadería es un elemento intrínseco del venezolano.
No olvidemos que en una panadería no sólo hay café y panes de todo tipo, sino que, a lo largo de las décadas, los panaderos han construído en Venezuela un mundo alterno de sabor, con pasteles, pizzas, golfeados, charcutería, jugos (zumos) naturales, pan de jamón, y los reyes del día: los fabulosos cachitos.
Te miro y te miro y al fin bendigo, bendigo la suerte de ser tu amor. ^_^
P.D. La ironía de esta historia es que yo no como jamón, pero esa sólo soy yo. Como decimos en mi tierra: "Tu te lo pierdes".
viernes, 18 de marzo de 2011
Las primeras grullas sobrevuelan el Atlántico
Una grulla muy especial...
¡Gracias, Sebas!
Nuestras 3 primeras grullas han llegado cansadas pero satisfechas.
Adelante, chicos que Japón necesita muchas más. ;)
Video de cómo hacer grullas de Origami
¡Gracias, Arturo!
martes, 8 de marzo de 2011
Ganarse el cielo otra vez...
Desde Barcelona dedico un par de líneas a quien, con cuyos trazos, embelesó eternamente mi recuerdo de nuestro adorado cerro El Ávila. Pues sí, nuestro Manuel Cabré nació en Barcelona, Cataluña y no en Barcelona, Venezuela, allá por los años 1890. Era hijo del escultor catalán Ángel Cabré i Magriñá que migró a Venezuela cuando Manuel era un niño pequeño. A los 8 años, ingresó Manuel en la Academia de Bellas Artes de Caracas y, tras una breve estancia en París, regresó a Venezuela a plasmar en lienzo la inigualable belleza de nuestros paisajes. A nuestro hermoso cerro, lo pintó desde todos los ángulos y con todos sus matices, recordándonos por qué es lo primero que queremos ver al despertar y lo último antes de irnos a dormir.
Lo cierto es, que la historia nos dice que Manuel Cabré se enamoró, al igual que la mayoría de los caraqueños y quienes visitan nuestra ciudad, de nuestro cerro El Ávila.
Viajar en tren...
Hubo un tiempo en que los viajes desde y para La Guaira se hacían en tren. El desarrollo llevó al país a la necesidad de tener un medio de transporte rápido y eficiente para trasladar carga y personas del puerto a la ciudad capital.
Los levantamientos de planos y cotas para la línea de ferrocarril desde La Guaira y hacia Caracas comenzaron en 1867, y los ingenieros británicos y estadounidenses se disputaron durante 14 años la ruta y su financiamiento. Finalmente, se le concedió el contrato a un grupo inglés en 1881, el cual registró el nombre "Ferrocarril La Guaira y Caracas" en Londres y comenzó la construcción de una línea ferroviaria de 37 km que ascendía 914 metros. Para julio de 1883, ya recibía viajeros. Muchos de los pasajeros del "FLGyC" llegaban a La Guaira por vapor y eran transferidos al tren para Caracas. Una curiosidad es que el último carro del tren estaba reservado a los huéspedes del Hotel Klindt, en Caracas. El servicio eléctrico en la línea comenzó a operar en abril de 1928, y desde entonces el tiempo de viaje de La Guaira a Caracas quedó reducido de 2 horas a 75 minutos. ¡Chúpate esa mandarina! ^_^
A pesar del buen servicio y la publicidad, el FLGyC vio sus pasajeros y carga pasar a carros, autobuses y camiones durante los años 30 y después de ser comprada por el Estado, dejó de funcionar en los 50. Hoy, a más de 50 años de su cese de operaciones, la vía del FLGyC ha quedado sepultada bajo el monte y la tierra y, lamentablemente, es casi imposible de rastrear.
Los hoteles...
El Gran Klindt
Los caraqueños de la década de los 30 no pueden olvidar el edificio de estilo europeo del siglo XIX levantado en la calle de Torre a Principal: el Hotel Klindt, en cuyo piso superior solían alojarse artistas famosos, toreros y gente adinerada que venía a Caracas en asuntos de negocios. El inmueble tomó con el tiempo el nombre de “Edificio Washington”, en cuyos bajos se hallaba instalada desde la primera década del siglo la famosa Cervecería Donzella, donde se llenaban "lisas y "medias lisas", y solían reunirse los poetas, escritores y periodistas de la época.
Un dato curioso sobre las "lisas"...
Curiosamente, el origen de este nombre radica en la primera Guerra Mundial. Resulta que, debido a la guerra, empezaron a escasear los grandes tarros que se utilizaban para la cerveza. Como dejaron de llegar a Venezuela desde Alemania, la cervecería Donzella tuvo que poner en uso unos tarros lisos, sin adornos y sin las tapas de los tarros típicos alemanes. Los nuevos tarros eran, simplemente, unos vasos, y quienes preferían el cristal más delgado y liviano de estos nuevos implementos, empezaron a diferenciar la orden al pedir sus actualmente denominadas birras. En criollo quedó entonces bautizado el sifonero vaso cervecero. Y también la "dosis" pequeña como "media lisa", que valía medio real. (¡Qué envidia!) Con el paso del tiempo comenzó a imponerse la jarra, la media jarra y el tercio.
Y volviendo a nuestro cerro...
Uno de los íconos de nuestra ciudad es el magnánimo Hotel Humboldt, ubicado en la cima de nuestro cerro, es un ícono en la arquitectura venezolana y un símbolo de la sultana de El Ávila. El hotel formó parte del plan para unir a Caracas con el Litoral a través de un complejo turístico y recreativo que involucraba al teleférico como medio de transporte. Tiene una altura de 59,50 metros, y 14 pisos donde se distribuyen las 70 habitaciones, que en una época que vive en el recuerdo de los caraqueños mayores de 50, ofrecían una excelente vista de la ciudad. Su construcción fue ordenada por Marcos Pérez Jimenez y fue estrenado en 1956. Siempre recordaré a mis padres y tíos hablar de las maravillosas fiestas de Año Nuevo con la Billo´s que se celebraban en el hotel. (Insisto, ¡qué envidia!)
Sí, chicos, tenemos que ganarnos el cielo otra vez...
jueves, 24 de febrero de 2011
¿Qué proyectamos como sociedad?
Venezuela no es la misma. Todos lo sabemos, sí, pero es como cuando vives con un familiar, es alguien que ves a diario y no notas que cambia, pero cuando llega alguien de fuera y te dice: "¡Fulanito si está cambiado! ¡Está grandísimo (o flaquisimo)!", ves una foto y te das cuenta que efectivamente la persona en cuestión ha cambiado mucho. Con el país pasa lo mismo.
Una fotografía...
Necesitamos ver una fotografía de nuestro pasado para entender el antes y el ahora. Recuerdo que cuando tenía 6 años iba con mi mamá en carrito porpuesto (bus, autobus, camionetica, como quieran llamarlo) a Sabana Grande de compras. Caminábamos desde los cines Broadway hasta La Previsora (a la mitad yo estaba desesperada porque el camino se me hacía larguísimo). Era otro mundo, otra gente, otra educación. De adolescente todavía podía ir al cine de Chacaíto con amigos y salir en la función de medianoche, tomar el metro e irme a Prado de María. Por el camino (nuevamente Sabana Grande), te encontrabas un músico o comediante (sí, como en Europa), y la gente que salía de la función disfrutaba sanamente antes de irse a casa. Esas cosas ya no las podemos hacer. Nuestro círculo de vida se reduce cada vez más y al parecer no hay nada que podamos hacer para evitarlo.
Para echar un vistazo al pasado les recomiendo ver el grupo de FB "Viejas fotos actuales", ese breve viaje al pasado es una buena forma de descubrir lo que era nuestro país y nos ayuda a compararlo con lo que es ahora.
Un video...
Otra cosa que me gusta hacer es ver videos de antiguos comerciales venezolanos (de los 80 y 90 principalmente). ¡Qué campañas publicitarias! Muchas premiadas internacionalmente. Eran campañas de calidad y dirigidas a esa población que ya no somos y que me llevó a escribir este post. Solíamos hacer mejor publicidad porque nuestro target era otro, y ese target era otro porque nuestra sociedad era distinta, más exigente y más demandante. No nos conformábamos con cualquier cosa, no queríamos regalos, exigíamos calidad y transparencia.
¿Y qué pasó?
Dejando el tema político aparte (no es fácil pero aquí me centro en la sociedad y su reflejo en la publicidad), los golpes que recibimos como ciudadanía han hecho que seamos conformistas. No esperamos recibir calidad y por ello nos hemos acostumbrado a conformarnos con recibir las cosas como vengan con tal de recibir algo. Atrás quedaron los años de la competencia y el deseo de superación. Cuando veo publicidades venezolanas me duele. Siento que no son para mí, pero lamentablemnete sí lo son, porque son para nuestra sociedad.
¿Y cómo lo arreglamos?
Esa es la pregunta de las 50.000 lochas, y la solución es, desde mi punto de vista, que debemos educarnos. Somos una sociedad mal educada que necesita volver a empezar. Sí, lo sé, es difícil, pero no imposible.




























